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Equipo de perforación con el mástil vertical en una plataforma abierta en la selva, con la torre de alta tensión al fondo

Pilotes para torres de alta tensión: qué cambia respecto de una edificación

Una torre de alta tensión no se cimenta como un edificio. Concentra toda su carga en muy pocos apoyos, trabaja con esfuerzos que tiran hacia arriba, y no tolera que un apoyo se mueva respecto de los otros. Además, suele estar donde no hay nada. Esta guía explica qué cambia en el diseño y en la ejecución, y qué hay que evaluar antes de contratar.

Por qué una torre pide cimentación profunda

El motivo habitual es el terreno. Cuando el suelo superficial no da garantías —depósitos sueltos, capas que cambian, nivel freático alto— una cimentación superficial no reparte bien la carga de una estructura tan concentrada.

El pilote excavado resuelve dos cosas con un solo elemento. Por un lado, alcanza el estrato competente a la profundidad que haga falta. Por otro, moviliza fricción a lo largo de todo el fuste embebido. Es decir: no depende únicamente de lo que encuentre en la punta.

El esfuerzo que cambia el diseño: el arranque

Esta es la diferencia que más se subestima. Una edificación carga sobre su cimentación casi siempre hacia abajo. Una torre, no.

El viento sobre la estructura y la tracción de los conductores generan esfuerzos de arranque: en algunos apoyos la solicitación tira hacia arriba. Por lo tanto, la cimentación no solo tiene que resistir compresión. También tiene que quedarse en su lugar cuando la fuerza va en el otro sentido, y eso lo aporta el fuste, no la punta.

Pocos apoyos, ninguna tolerancia al asentamiento diferencial

Un edificio con decenas de apoyos redistribuye. Una torre, con cuatro, no tiene a dónde redistribuir. Si un apoyo baja más que sus vecinos, la estructura completa se desalinea.

Y hay un agravante operativo: la línea no admite que un tramo quede fuera de servicio para corregirlo. Por eso la exigencia sobre la cimentación de una torre es distinta de la de casi cualquier otra obra. No se trata solo de que resista, sino de que no se mueva.

Llegar es parte del alcance

El emplazamiento de una torre está en la faja de la línea. Muchas veces eso significa monte, quebrada o selva, sin acceso previo.

Vista aérea de la faja de una línea de alta tensión abierta en la selva, con dos torres y la plataforma de trabajo habilitada entre la vegetación
La faja de la línea, abierta en plena selva. El frente de trabajo no existe hasta que se habilita el acceso y la plataforma.

Para un contratista con obra en provincia, esa suele ser la pregunta que decide una contratación. No si el subcontratista sabe perforar, sino si puede llegar y operar donde está la obra. Conviene resolverlo en la evaluación, no en la movilización.

La plataforma: sin ella no hay frente de trabajo

Un equipo de perforación necesita una superficie nivelada y capaz de sostenerlo mientras trabaja. En zona de lluvia intensa, además, el terreno cambia de un día para otro.

Por eso la plataforma no es un preliminar menor: es una condición de ejecución. Habilitarla, mantenerla y —cuando corresponde— retirarla forma parte del alcance real de la obra, aunque en el metrado aparezca como una línea corta.

Una línea son muchas obras chicas, no una obra grande

Este es el punto que más cambia la planificación respecto de una edificación. En un edificio, todos los pilotes están dentro del mismo cerco. En una línea de transmisión, cada torre es un frente de trabajo propio, separado del anterior por kilómetros.

Eso significa que el ciclo se repite entero en cada emplazamiento: acceso, plataforma, movilización del equipo, perforación, vaciado y desmovilización. Por lo tanto, el rendimiento no se mide bien en metros perforados por día. Se mide en torres terminadas, y ahí pesan tanto la logística como la perforación.

De ahí que convenga evaluar la línea completa antes de comprometer un plazo. Dos torres con el mismo diseño de cimentación pueden tener costos de acceso muy distintos.

Qué profundidad hace falta, y por qué no se decide en gabinete

La profundidad la define el perfil del suelo, no una tabla. El pilote tiene que apoyar la punta en el estrato competente, y ese estrato está donde está.

Conviene además distinguir dos magnitudes que se confunden seguido. La profundidad del pilote es lo que queda en el terreno y lo que verifican los ensayos. Los metros perforados son lo que hubo que excavar, que puede ser más. No son intercambiables, y mezclarlas al leer una propuesta lleva a comparar cosas distintas.

El caso: 35 metros en Aguaytía

DCC Perú ejecutó la cimentación de la Torre T9-N-L2251, en Aguaytía (Padre Abad, Ucayali): 4 pilotes excavados de 1,00 m de diámetro y 35,00 m de profundidad, con perforación hasta 38 m por las condiciones del terreno. Son los pilotes más profundos de nuestro registro de obra.

El origen del trabajo fue una reubicación: la torre debía asentarse en un suelo inestable y una cimentación superficial no daba garantías. El emplazamiento estaba en la faja de la línea, abierta en plena selva. Y los cuatro pilotes fueron ensayados.

No es la única obra de esta clase. DCC también ejecutó pilotes excavados para otra torre de alta tensión, en Huancayo.

Perforar a 35 metros no es perforar a 15

La profundidad no escala de forma lineal en el trabajo real. A esa longitud, cada operación se multiplica.

  • La extracción: el balde sube y baja el tramo completo en cada viaje.
  • La armadura: se arma y se coloca a esa longitud, con sus empalmes.
  • El vaciado: tiene que sostener la continuidad del fuste hasta el fondo.
  • La verticalidad: se controla durante todo el avance, porque una desviación en los primeros metros se amplifica al llegar a la punta.

Cuadrilla colocando la armadura de acero dentro de la camisa metálica del pilote, con los tubos de casing acopiados al fondo
La armadura de acero, colocada dentro de la camisa metálica antes del vaciado. Detrás, los tubos de casing acopiados en la plataforma.

La estabilidad de la perforación se sostiene con lodo y con camisa metálica. Los dos son procedimiento del pilote excavado, no una técnica aparte. Y el valor de trabajo del lodo no sale de un catálogo: lo determina un especialista en campo, según lo que va apareciendo.

Cómo se verifica

Una profundidad declarada sin verificación es una afirmación. Lo que un proyectista necesita es el registro.

DCC ejecuta y verifica. Además de construir los pilotes realiza los ensayos que comprueban su integridad y su respuesta: PIT para integridad y PDA para carga dinámica. Cuál corresponde a cada obra está explicado en PIT vs PDA, qué verifica cada ensayo. Cuando la supervisión lo requiere, el ensayo se realiza en su presencia y se entregan los registros, no solo el informe final.

Qué queda documentado al terminar

En una obra de línea, el expediente de cierre suele revisarse mucho después, y por gente que no estuvo en campo. Por eso conviene definir desde el principio qué se entrega por cada apoyo.

Como mínimo: la profundidad alcanzada por elemento, el diámetro ejecutado y el resultado de los ensayos que se hayan pedido. Con eso, la cimentación de esa torre se puede auditar sin depender de la memoria de nadie. Sin eso, lo único que queda es una cifra en un acta.

Qué necesitamos para evaluar su proyecto

Para evaluar la cimentación de una torre necesitamos cuatro cosas: ubicación y etapa del proyecto, el estudio de suelos disponible, planos o alcance preliminar, y tipo y cantidad estimada de pilotes. Si además hay algo conocido sobre el acceso al emplazamiento, conviene decirlo desde el principio.

Con eso se puede estimar la profundidad, el diámetro y qué hace falta para habilitar el frente de trabajo. Solicite una evaluación técnica de su proyecto.